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PYMES y autónomos: presuntos culpables


Da igual que se maten a trabajar, da igual que cumplan con las múltiples obligaciones que se les impone. Da igual que tengan que conocer mejor la normativa vigente que su propio negocio. Son autónomos y pequeños empresarios y por lo tanto, presuntos culpables.

Debe ser así o al menos eso es lo que transmite la actuación de la Administración cuando dedica casi las tres cuartas partes de sus inspectores a comprobar la actividad fiscal de autónomos y pymes, y lo hacen a conciencia, de eso puedo dar fe.

Pero es curioso que, si conocemos este dato es porque son los propios inspectores quienes denuncian la situación. El sindicato de técnicos del Ministerio de Hacienda, Gestha (www.gestha.es) ha realizado en numerosas ocasiones recomendaciones para mejorar la efectividad de la actividad inspectora y la lucha contra el fraude fiscal y, entre ellas se encuentra la potestad para investigar a empresas con volumen de ingresos hasta doce millones de euros, cuando en la actualidad se limita a empresas que facturan hasta cuatro millones.

Por lo tanto, mientras los técnicos de Hacienda se dedican a revisar exhaustivamente a los pequeños, ven como los responsables del Ministerio hacen caso omiso a sus propuestas de redoblar el control de grandes empresas y fortunas de nuestro país que es donde saben que se encuentra el grueso del fraude fiscal que cifran en el 25% del P.I.B.

Sin embargo, los responsables del Ministerio, a las órdenes de los que mandan, prefieren centrarse en los autónomos y pymes a quienes les supone un carga adicional dedicar recursos al escrupuloso cumplimiento de las complejas obligaciones fiscales, más recursos a defenderse frente a la presunción de culpabilidad a que se les somete por parte de la Administración y, finalmente, soportar el estigma fruto de la campaña de desprestigio a la están constantemente sometidos.

¿Por qué actúan así nuestros mandatarios? Podría ser por miedo a que las grandes empresas se trasladen a otro país, o porque unos y otros tienen algo que esconder o, simplemente, porque tras el paso por la vida política esperan un puesto en sus consejos de administración. Quién sabe.


Ahora que estamos en plena campaña de I.R.P.F. tendemos a preguntarnos más que en otro momento, ¿Seguro que Hacienda somos todos?


Joaquín Puerta para villaviciosadigital.es 

A mí no me cobres el IVA

Hace ya mucho tiempo se puso de moda aquella frase de “¿cómo lo quiere señora, con IVA o sin IVA?” haciendo alusión a todos aquellos profesionales y oficios que buceaban en la economía sumergida como su medio natural de operaciones.

¡Cómo han cambiado las cosas!, después de años y años para lograr sacar del agua a la mayor parte de todos aquellos buceadores, resulta que ahora se les empuja a que vuelvan a sumergirse en las profundidades.


Las dos subidas de IVA consecutivas que hemos sufrido en los últimos tiempos, unidas a una crisis que, lejos de remitir, se agudiza día a día, han llevado a la gente a cuestionar a conciencia cada euro que sale de su bolsillo y claro, cuando el coste de un bien es elevado y a este hay que añadirle el IVA, el consumidor se resiste como gato panza arriba a pagarlo.

Contra las todopoderosas grandes compañías nada se puede hacer, pero la pequeña empresa y autónomos sufren la tiranía de quienes pueden percibir en ellos ciertos resquicios de debilidad y entonces surge aquello de “A mí, no me cobres el IVA”, poniéndoles, día sí, día también, entre la espada y la pared.

Hay que ser, no sé si muy valiente o un suicida, para no sucumbir ante la presión del cliente cuando dice abiertamente que si se le cobra el IVA, se va al establecimiento de la calle de abajo donde se lo hacen “libre de impuestos”. O, peor aún cuando realizado un trabajo personalizado por encargo en el que la empresa ya ha incurrido en los costes, el cliente se niega abiertamente a pagar el IVA bajo amenaza de rechazar el producto.

Pero, los que aceptan las reglas que impone el cliente, en muchas ocasiones no son conscientes del problema que se les genera, para comenzar, se van a encontrar con una cuenta de pérdidas y ganancias similar a esta.



En ella salta a la vista el margen, aparentemente al negocio le cuesta más los materiales y las subcontrataciones que lo que factura al cliente. Es decir, están trabajando por debajo de coste ya que, lo que se ha vendido sin IVA no se ha contabilizado, convirtiéndose en un dinero del color de las noches sin luna, que ha de ser guardado debajo del colchón.

Al fraude fiscal al que se ven abocadas estas empresas, hay que sumarle además un problema importante de financiación, debido a que con estas cuentas, las puertas de las entidades bancarias se cierran, resultando prácticamente imposible hacer crecer el negocio, condenándolo a sobrevivir día a día en el trapicheo de la economía sumergida.

Ahora ponte en el otro lado, si tienes que hacer una reparación de fontanería en tu casa, unos muebles a medida o algo similar y el presupuesto fuera de 10.000 euros, ¿estarías dispuesto a pagar 2.100 euros más para ser un buen ciudadano?, ¡OJO!, son 2.100 euros.


Cuentas manchadas



Impresiona encontrar en un recoveco del programa de contabilidad una serie de partidas que no están integradas. Sorprende preguntar por ellas y recibir respuestas vagas. Ocho años en la compañía y Pedro creía conocer todos sus rincones, pero resulta que cuando accede al Consejo se encuentra más secretos escondidos de los que esperaba.

Tras indagar por aquí y por allá, preguntar a unos y a otros, descubre finalmente que en la empresa existe una contabilidad “B” de la que ahora él es responsable.

Entre las grandes ideas de Pedro al acceder a la gerencia de la empresa, se encuentra la de acabar con un estilo de direcciónarcaico, rígido y totalmente vertical. Desterrar ciertas prácticas de la antigua directiva era su deseo número uno desde que aspiraba al puesto, pero encontrar un lado oscuro en la contabilidad resultó el colmo de lo que espera encontrar.

Nada menos que un 5% de las ventas de la empresa se estaban realizando a espaldas de todos y sólo un puñado de personas lo sabían. Un 5% de las ventas que iba directamente a una caja y era utilizado para pagar sobresueldos de algunos socios directivos, ciertos gastos personales y prebendas, así como a tapar algunas bocas, como la del propio encargado de esta contabilidad o el responsable del almacén.

Aparte de estar cometiendo un delito contable y fiscal, la existencia de una contabilidad “B” causa un grave perjuicio a la empresa ya que, en primer lugar, desvirtúa las cuentas de la misma de tal modo que el análisis de la situación y las decisiones a tomar en base a las conclusiones obtenidas van a resultar erróneas.

Por otro lado, las contabilidades en negro siempre perjudican a la empresa porque detraen ingresos de ella, pero si se llevan a cabo es porque benefician a alguien, unas pocas personas que se lo están llevando sin dar explicaciones, ni tributar por ello. Volvemos a lo de siempre, se perjudica a muchos para beneficio de unos pocos.

Finalmente, una contabilidad “B” conlleva varios riesgos, además del riesgo principal ya que constituye un delito, existe el riesgo de que alguna partes implicadas no esté de acuerdo con el reparto o bien, simplemente, no se fíen de quien lo maneja. Entonces empiezan las luchas y los chantajes de los que quien seguro sale perdiendo es la propia empresa.

Ahora a Pedro le espera la ardua tarea deacabar con esta práctica, sabe que se va buscar enemigos, que sería más fácil y rentable para él entrar en el juego y llevarse una parte, pero está decidido a cumplir su misión, construir una compañía sólida y transparente presidida por unos valores firmes basados en el esfuerzo y la responsabilidad solidaria.


Joaquín Puerta

Descubre los secretos que encierran las cuentas de lasempresas, sólo tienes que aprender a buscarlos y se convertirá en tu ventaja competitiva.

Foto: bilobiclesbag

Los moduleros

Por Joaquín Puerta
Publicado en el nº35 de la Revista INNOVATIA


Con este título de película española de los años setenta quiero darles a conocer a unos personajes que si bien son actuales, representan perfectamente la España arcaica de pandereta y chirigota, la España de los pícaros y aprovechados, esa España de la que tanto queremos desprendernos y no somos capaces de conseguirlo.